domingo, 21 de febrero de 2010

Onírico

I
Cuando desperté ya me encontraba corriendo por un desconocido paraje. Mi camisón estaba roto de todo el lado derecho, y por la pierna me corría sangre.
Creo que la caída que tuve inmediatamente después de despertarme en este estado, la causó la impresión, o quizás una traviesa piedra que por supuesto no vi, que se cruzó por delante solo por el placer de sentir los desnudos dedos de mi pie.

En fin, ya estando en el suelo comencé a analizar la lesión que se extendía desde mi cadera hasta un poco mas abajo de la rodilla. Era larga y hermosa, jamás había visto que una herida se viera así de natural sobre mi cuerpo. Misteriosamente no me dolía a pesar de que yo podía divisar mi carne y la sangre seguia brotando de ahí, pero intentando ser racional se lo atribuí al shock de despertar corriendo en un lugar desconocido.
Lo mas extraño que me paso en ese momento, fue que cuando me lleve, por costumbre mas que nada, una mano al cuello: de el colgaba una medalla con una inmensa esfera roja que descansaba entre mis pechos. Era semitransparente y por la parte central tenia una linea de oro que la rodeaba como la linea del ecuador a la tierra. Recordaba haber visto esta esfera antes.
Pero nada me hacia recordar como llegué ahí.

Era sin duda un hermoso lugar, habían inmensos árboles, insectillos volando por doquier, tambien pequeños y adorables roedores y la hierba me llegaba hasta las orejas. Al mirar el cielo descubri que este era de colores cambiantes y no como el cielo que yo recordaba.
Decidi caminar, para poder ubicarme, de seguro no estaba soñando. Pero tampoco sabía si era real...



II

Camine horas y horas sin ver nada diferente a la hierba y los gruesos árboles.
Miento, porque después de 4 horas o algo así de camino vi como una cuncuna azul tornasol se comía una hoja 8 veces más grande que ella. Y yo la observé maravillada como si nunca antes hubiese visto algo así.
Estaba perdiendo la esperanza de volver a ver alguna vez algún lugar conocido debido al largo camino en este extraño paraje, nada me parecía natural.
Hasta que empecé a divisar unas ruinas de piedra, que parecían haber sido un castillo alguna vez, y que a pesar de lo derrumbado se veía habitado, pues habían sillones en perfecto estado, tapices colgando de los muros, una chimenea y a su lado una delicada canasta para poner troncos. Alfombras, mesas y sillas, y una atractiva y pequeña estufa, hacían de la estancia un lugar acogedor.
Mientras mas me acercaba mas me impresionaba del mobiliario del lugar, todo en color púrpura, y dorado…
Ansiaba entrar, y tocar los muebles y recostarme sobre alguna cama, descansar y curar mi herida, sentirme segura…

El cielo se puso gris, las nubes hicieron una ronda sobre mi cabeza, y al rato comenzó a llover. Me preocupe durante un instante por lo que podía pasarle a los muebles, solo por interés personal, claro, pero cuando los mire me di cuenta de que algo invisible protegía a la derruida vivienda, algo asi como una cúpula, o mas bien, el fantasma del edificio que antes había ahí.
Se recortaba contra el cielo la forma de altas paredes e innumerables torres.
E incluso un balcón desde el cual se divisaba la silueta de una persona.
¿Qué?
Un frenazo en mis divagaciones mentales me hizo poner atención en lo que estaba viendo.
Una persona, es decir, ayuda…
Necesitaba a alguien que me dijera donde me encontraba
Pero como entrar a un lugar, donde la mitad de todo es transparente…



III

Toqué la pulcra transparencia de las paredes, se sentían tan reales que cerré los ojos para sentir que estaba en casa otra vez... Una sensación juguetona se apodero de todo mi cuerpo, y si, como imaginan, al abrir mis ojos estaba dentro del extraño lugar y el mismísimo dueño de la silueta que antes había visto me observaba perplejo...

Era un hombre, alto, de anchas espaldas. Su pelo era medianamente largo pero lo llevaba elegantemente recogido con un trozo de cuero que se mezclaba con sus colores castaños. Y su piel, su hermosa piel era dorada, como la arena del desierto.
Me tendió la mano:
- Soy Axel... Bienvenida.
Lo mire confundida, estaba tan ensimismada contemplando su belleza que fui incapaz de pensar en una respuesta...
El sonrió.
- Niña, qué te ocurre. No te haré daño. Ven siéntate aquí, traeré algo para que te cambies y comas.

También sonreí. Y luego mire el suelo avergonzada. ¡Cómo explicar lo que estaba pasando, como decirle que no se que hago acá!

Después de un corto momento, Axel apareció con un vestido bellísimo en la mano y una bandeja llena de cosas tibias y, a simple vista, deliciosas.

- Toma este, creo que en ti se verá bien. Vamos cámbiate, no querrás caer enferma.
Solo lo mire.
- ¡Oh!, lo siento linda, creo que necesitaras privacidad, llevo tanto tiempo solo que... en fin. En esa puerta hay una habitación preparada para ti, dejare la bandeja aquí, para que comamos juntos y me expliques que te sucedió.

- Gracias, Axel.
- Jajaja, por fin hablas. Vamos, dime tu nombre.
- Soy Sigrir. Bien, voy a cambiarme. Luego te cuento todo.
- Adelante pequeña.

Entré en la habitación, e inmediatamente sentí miedo y soledad. Qué podría hacer yo en un lugar desconocido sin nada ni nadie, sin saber siquiera cómo llegue aquí.




IV

Al salir de la habitación llevando hermosas ropas y con el cabello recogido para no mojarme la espalda vi a Axel de espaldas a mi, con los hombros retraídos.
Y escuché llanto.

Me quedé ahí mirando. Y de un momento a otro empecé a sentir una vibración en mi pecho y de mis labios salió una linda canción.
Axel de a poco se dio media vuelta, y corrió a abrazarme.

- ¿Donde estabas, amor? ¿Donde te habías ido?
- ¿De que hablas Axel? Acabo de conocerte.
- ¿No lo entiendes? El collar, y, llegaste aquí por algo, algo te trajo.

Lo miré confusa mientras el intentaba sujetar mis brazos y yo me zafaba constantemente. Hasta que mis piernas cedieron y caí. Me dolían las heridas pero mi mente zumbaba de tal manera que la confusión era mayor.
El, ese hermoso hombre, ¿era un loco? A decir verdad no me extrañaría, pues, estando en este lugar que no comprendo. Solo me quedaba preguntarme quien soy, por qué siento esto cuando lo miro, aún lo miro.

Aquel día me quede en silencio. Y Axel lo entendió, me acercó la bandeja para que comiera, peino mi cabello y me abrigó.
Y me hiso dormir cariñosamente abrazandome junto a la chimenea. Y mientras yo dormía lo más profundamente posible, curó mis heridas y cosió mi pierna.

Desperté de madrugada, y decidí dar un paseo y gritarle al mundo. Caminé entre arbustos llenos de nieve, cerca de madrigueras donde habitaban conejos y sus familias. Mire al cielo y me quedé observandolo por varios minutos.

Mierda, esos tiempos si que fueron buenos. Ahora estoy podrida. Nada de esto se parece a lo que viví en ese tiempo cerca de Axel.

Bien, volviendo a lo que estaba contando, mientras caminaba descubrí un claro, con piedras que formaban un círculo. Me tendí en medio y mire el sol para encandilarme. En mi pecho aun sonaba la música que había sentido al ver a Axel llorar. ¿Será cierto que soy alguien que no sospecho que soy? Por lo menos eso es lo que entendí cuando Axel me dijo aquello sobre el collar. Lo toqué y lo sentí ardiendo, aunque la piel de mis pechos no lo sentía. Quizás, estoy viviendo la realidad ahora, y lo de antes fue solo un lindo sueño, pensé.
Estaba asustada, muy asustada de descubrir tantas cosas de mi que no sabía, conocer a alguien nuevo que no era yo pero a la vez era mas yo que nadie.

Comenzé a gritar para descargar todo lo que sentia dentro de mi, todo lo que me estaba contaminando.
Grité y grité hasta que ya no me salió voz.
Y luego de un rato mi protector apareció con arco y flecha en mano apuntando hacia el claro en que yo estaba.
- Mi hermosa, ¿qué ocurre?
- Tranquilo, Axel, estoy bien. Es solo que me siento un poco atrapada, dentro de mi propio cuerpo. Me es difícil comprender lo que sucede.
- Tranquila, hermosa Sigrir, voy a contarte cómo llegue aquí.




V
“Mi vida era tan común como cualquiera, en una ciudad, con un trabajo, con presiones, con familia y amigos. Habían cosas buenas, como mis pasatiempos, que eran pintar y hacer maquetas de cuanto lugar se me viniera a la mente. Y también habían cosas malas, como los problemas en mi casa, la tristeza por diferentes motivos y el desamor. Hubo una mujer a la que amé con locura, pero llegó un momento en que no le pude dar mi amor y ella se esfumó, de a poco, como el humo de un cigarrillo, pero finalmente estaba fuera de mi alcance.
Me volví casi loco, soñaba con ella, temía no saber más de su existencia. No quería que alguien la hiciera más feliz de lo que yo alguna vez la hice.
Y siempre pensaba que si conseguía darle lo que ella siempre soñó, ella volvería a mí, aunque yo aun fuera incapaz de darle mi amor.
Comencé a idear cosas, las clásicas locuras de amor, pero sabía que no resultarían. Y un día se me ocurrió crearle un paraíso perfecto. Donde ella jamás sufriría y seria feliz por siempre.
Empezé por una descripción escrita, luego llevé eso a una maqueta. Trabajé y trabajé en ella, pero nunca podía terminarla. Todo lo iba dejando a medias. Si, admito que estaba casi desquiciado.

Pasaron un par de meses y me enteré de algo espantoso. Su madre me contó que ella estaba muy enferma. Un tumor había crecido sin parar en su cerebro y ahora estaba en un hospital cerca de una riesgosa operación. Y ella quería que estuviera ahí.
Apenas colgué el teléfono me vestí para salir de mi casa por primera vez en meses, me afeite y me puse lo mas decente que pude para ella. Y salí. Antes de llegar al hospital pasé por una tienda a comprarle algo que le gustara. Encontré unos leones de peluche que sabía que le encantarían.
Y bueno, llegué ahí, y entré a su pieza. A la pieza de la mujer de mi vida, la única, a quien no veía hace muchísimos meses. Y la vi, y casi me derrito de amor, a pesar de que tenía ojeras de cansancio y que sus cabellos ya no eran tan frondosos como antes y de que estaba escuálida, más delgada que nunca. Y ella al verme intento sonreírme, pero estaba agotada y yo lo sabía. Y le mostré los leones, sin poder hablar por que sentía que lloraría. Y ella abrió los ojos con alegría y estiro sus manos como una niña pequeña, y se los entregué y la abrasé. Y su cuerpo se sentía tan frágil
Mientras la abrazaba no pude evitar sollozar. Y a ella se le caían las lágrimas.
- ¿Por qué no me avisaste antes, tonta?
- Tenía miedo, ni siquiera yo podía creerlo. ¿Realmente ha pasado tanto tiempo?
- No lo sé, no he dejado de pensar en ti, y los días se me han hecho fotocopias.
- No digas estupideces. Mejor dame un beso, te extrañé muchísimo.

La besé y me pareció que no había pasado ni un segundo desde la última vez.
Luego la miré a los ojos, durante un largo rato. Hasta que llegó la enfermera.
- Señorita, ya es hora.

Ella asintió, venían a cortarle su cabello. Me quedé dándole la mano mientras la rapaban. Luego de eso le pusieron una sustancia al suero que tenía inyectado.
- Tiene que irse ahora, señor. Luego del post operatorio puede verla.

Le sostuve la mano, por un último momento. Le dije adiós, le repetí que la amaba y la dejé despedirse de su madre.
No, no sobrevivió a la operación. Cuando nos lo dijeron su madre quedó devastada y se arrojó a mis brazos. Yo la consolé con la nada de fuerzas que tenía. Y le dije que debía irme. Me preguntó que hacer con los leones y le dije que los enterrara con ella, que le habian gustado demasiado y prefería que se los llevara. Y que si necesitaba cualquier cosa me llamara.
Y volví a casa, y no hablé con nadie. Y tomé unas pastillas, las suficientes para poder dormir hasta la proxima noche.

Y desperté aquí, en ese extraño castillo, que es creación mía. Todo lo que ves aquí fue alguna parte de alguna de mis maquetas de las que hice para ella. Muchas veces me he preguntado si estoy muerto, o estoy soñando. O simplemente y de milagro llegué a un lugar donde poder pensar.

Y ahora llegaste tú, no te pareces a ella, pero llevas ese medallón, que es el mismo que ella usaba cuando soñaba con ser un personaje de cuento de hadas.”

1 comentario:

  1. Uuuui solesin ta genial!!!
    me gusto muchisimo como relatabas
    todo, el ambiente, lo que ocurria..
    me dejo helado el cambio repentino
    en el relato.. en la parte del
    "mierda, esos tiempos si que fueron
    buenos" :OOO ojojoj bkn!!
    me quede enganchado despues de unos
    parrafos y de ahi no pare de leer!

    y ooooh maldicion el final !!!
    me encanto!! muy muy bueno solesin..
    genial el vuelco de la historia...
    de que el desperto en su creacion y
    luego ella como el personaje de cuento
    de hadas!!

    Me gusto mucho solesin!
    felicitaciones ;)!!!!

    aplausos :)!!

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